Hace dos años, el futuro director de Le Chœur Battant, junto con su esposa, Karine, y su amiga Brigitte, se dieron cuenta de que solo veían a sus amigos unas pocas veces al año, generalmente para cenar, y que se estaban perdiendo algo valioso. De esa reflexión surgió una idea inesperada: crear un coro que se convirtiera en una aventura compartida para su grupo de amigos, a pesar de que ninguno de ellos había cantado nunca en un coro.
La idea se fue volviendo más audaz. ¿Y si la música que interpretaran fuera compuesta y dirigida por él, a pesar de que nunca había escrito música coral ni dirigido un coro? El concepto era tan deliciosamente improbable que merecía ser intentado. Llamaron a sus amigos y, para su asombro, todos dijeron que sí.
Así nació Le Chœur Battant (“El Corazón Latiendo”): un grupo de personas que nunca habían cantado, guiadas por alguien que nunca había dirigido, que se reunieron para interpretar música que él nunca había compuesto antes, todo ello con el espíritu de explorar la profundidad, la alegría y la vulnerabilidad de la verdadera amistad.
Con el tiempo, ver cómo los cantantes se descubren unos a otros —y a sí mismos— a través de este viaje musical compartido ha sido profundamente conmovedor e infinitamente inspirador.
Años atrás, el director había vivido en Irlanda mientras trabajaba para Irish Distillers. Un amigo de Cork le preguntó en tono de broma si aquel coro principiante podría aspirar a ser seleccionado para el Festival Coral Internacional de Cork. Aunque lo dijo en broma, el reto fue aceptado. El coro trabajó con determinación, pasión y un espíritu lúdico propio de sus orígenes.
Hoy, ese sueño se ha hecho realidad: un hito que supera con creces todo lo imaginado al principio. Su aventura continúa, prueba de que la amistad, el coraje y la curiosidad pueden llevarlos a lugares extraordinarios.
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